Cometas

Corro sobre el pasto verde, junto al canto del agua, con el aire en rostro, escapando… Intentando. Siento tu brisa que juega a ser calma, pero no sé si podré volar de nuevo.

Me muero de miedo, los duelos se aferran esparciendo las dudas. A pesar de todo, sigo buscando, intentando arreglar lo que se ha roto.

Descifrarme ha sido más complicado que expresarme; a mil pensamientos por segundo, mis fuerzas reclaman las horas robadas de sueño, exijo silencio a las voces escondidas en el alma, quiero olvidar las sonrisas fingidas y los abrazos forzados, y la sensación que me recorre cada que alguien dice conocerme, pero prefiero quedarme callada.

Soy un visitante de este mundo y, esta atmósfera, en unos momentos trae superpoderes y en otros cuesta respirar, como si jamás pudiera pertenecer.

Pero vamos, hemos creado la cometa. Salimos al campo esperando que llegue la corriente correcta que la haga volar y, aunque nos tiemblen las manos, cerramos los ojos y la imaginamos surcando los cielos, rompiendo los hilos, escapando de nuevo, al espacio, entre los planetas, entre las estrellas, libre. Completa.

Y si no es hoy, mantendremos la esperanza.

Anuncios

DEL OTRO LADO DE LA LUNA

dos lunas

Aquí hace calor, un calor terrible y, el sol, se posa directo sobre mis ojos después de las tres. La habitación se llena de gente, de ruido, de voces y, en ocasiones no puedo respirar. Entre las ideas revueltas y desordenadas, mis pensamientos se elevan a buscarte, huyen en tu dirección y escapan a tu encuentro. Me pregunto por ti, ¿hacia dónde van tus pasos?, ¿hacia dónde diriges la mirada?, ¿qué pensamiento vive en ti?, ¿de qué color es tu cielo?, ¿a qué ritmo palpita tu pecho?

Te imagino caminando por calles largas y grises, con nubes que igualan el tono. Te veo através de esa neblina que dibuja mi mente, con la mirada clavada al frente, viva y perdida al mismo tiempo, con ese paso tan tuyo que podría reconocer sin importar cuantos años pasaran. Con rumbo claro y un nido en los pensamientos. Y aunque sé que hace un frío terrible, te imagino siempre con playera de manga corta, ligero, como tus movimientos.

Puedo perder el tiempo en esos pensamientos, inventando historias de ti, llenas de melancolía, poemas y noches de bar, con esa estética fría que me hace sentir que estás lejos.

Vuelvo de vez en vez, regreso a mi mundo y, de cuando en cuando, tus palabras llegan a mí, me alcanzan y me toman de la mano, como una invitación a escapar de nuevo de la realidad, pero en ésta ocasión, más lejos.

Creamos un universo donde sólo existimos los dos, en historias ambivalentes entre conocerte tanto y no saber quién eres, entre todos los recuerdos que tengo y todo lo que has olvidado. Entre risas compartidas y quebrantos acompañados. Es un lugar perdido, detrás de la luna, que me hace sentir en paz.

Siempre nos regalamos momentos que no viven en tiempo real, que no existen más que en nuestra mente, que alimentan nuestros turbulentos seres ansiosos de ficción.

Pero, dime, ¿puedo quererte?, fuera de nuestro universo, ¿debo quererte?, ¿tú puedes quererme del otro lado de la luna? ¿o es algo que vive en un espacio especial?

Camina por esas calles de mi mente, piérdete en los recovecos de ese mundo que te invento, corre, huye, reencuéntrate y cuéntame historias, di palabras sueltas, ríe, mírame a los ojos y detén el tiempo. Al caer mi noche y amanecer en tu cielo siempre nos quedará la pregunta: ¿Y si nos encontramos después?…

Ilustración: Two moons (we’ll never meet again)ㅣby Henn Kim

Plegaria mal escrita

theheart

He pasado la noche viendo la llama encendida de la vela sin pensar en nada, apenas sintiendo…
Unas pocas chispas de vida se agolpan en mis venas, como un intento de avisarme que todavía sigue, pero sin darme la seguridad de que esto no es una fantasía, redundante y tormentosa, incluso mal escrita.

Se acabaron las preguntas, aún quedan rastros de la ira; el dolor y el vacío toman turnos para apoderarse de todo mi cuerpo, de todo mi ser.
Estoy cansada.

Pido dos segundos de paz y un botón de apagado. Un beso de la inspiración en los labios. Algunas risas que quebranten este silencio tan pasivo, tan frío, tan hiriente y tan sórdido. Suplico por un verso acompañado de música y esa mirada traída de Alaska que me consuela.
Pido por un suspiro más antes de caer rendida.
Una plegaria en mi nombre y un sueño tranquilo para los que luchan.
Regálame dos palabras, regrésame las alas aunque estén a medias, aunque estén quebradas; déjame ver si aun tengo fuerza y valor para seguir, o dime que se acaba y llévame por fin.
Suplico por un nuevo destello, que mi llama se acaba y la vela no se ha empezado a consumir.

Ilustración de Oddmaneuver

Hoy volvimos a morir

Hoy sus palabras y las mías se cruzaron entre ellas de nuevo.
Dos almas heridas hablando desde distintos lugares del dolor, ambos quebrados y moribundos, pero cada ser tiene distintas formas de morir.

Yo, yo sólo quería decirle que su dolor me hiere más que el propio, que daría las meditabundas noches de calma e inspiración que me quedan, a cambio de sanar las rasgaduras de su alma.

Él, él lanzó lágrimas disfrazadas de veneno a mi rostro, esperando no sé qué de mí. Asumió que yo estaba bien, mientras que él se sumergía en las aguas densas de la desesperación, sin saber cuál ha sido mi transitar en estos meses. Se dio el derecho de condenar los pecados que para él he cometido, de reclamar, de exigir dolor, de provocarlo, de disparar balas contra un pecho ya masacrado.

Yo, yo le reclamé todo el amor que sentí falto cuando estuvimos juntos, cada cambio que supliqué y él decidió hacer después de mi partida, reclamé incluso el tiempo que aún no llega y será de alguien más que aún no existe.
Quería decirle que odio la oscuridad que lo arrebató de mi vida, que le robó la luz, que me impidió limpiar sus lagrimas y abrazarlo cuando me necesitaba, pero no me quería.

Cada quién habló de sus huecos, cada quien sintiéndose víctima, cada uno sin percatarse de que las víctimas no usan armas.

Quería decirle que no he dejado de llorar en dos meses, quería decirle que me he refugiado en el alcohol y los desvelos, que me he aferrado a las risas de amigos para mentirme, aunque sea por momentos, y convencerme de que no estoy totalmente destruída, que ya no sé distinguir entre lo que le pertenece y lo que pertenece a mi alma, que hago un altar con sus recuerdos en mi memoria. Que he llegado a grados que no sabía que existían de dolor y, sólo pedí perdón y me retiré sin más palabras.

Hoy en este fuego cruzado de emociones, volvimos a morir.

¿Qué harías?

Ya no sé ni qué hora es y el cielo está tan nublado que no me da ninguna pista.
Creo que me tiemblan las manos; debe ser por el frió…, sí, seguro es el frío.
Y ¿si te digo que tengo miedo? No sería nada, no deberías preocuparte, no deberías creerme, deberías seguir caminando y pensar que mis manos tiemblan, porque tienen frío.
Me siento inexplicablemente ligera, como si la gravedad estuviera huyendo de mi cuerpo; seguro es el aire, el viento tan fuerte y tan dolorosamente helado. Y ¿si te digo que tengo miedo, me creerías?, no deberías hacerlo, deberías sonreír levemente y tomarme de la mano para hacer contrapeso.
Tengo la vista nublada, como si toda la bruma del cielo se hubiese guardado en mis ojos; seguro es el sueño, el cansancio, estragos de mi insomnio. Pero, ¿si te digo que tengo miedo, qué harías?, deberías mirarme a los ojos y verlos tan nítidos como un lago claro, morderte los labios y decir entre dientes que te desespera mi lentitud al caminar, entonces apresuraría el paso y las nubes en mi visión se dispersarían.
Sigo sin saber la hora, no hay un solo indicio de nada en el día, camino leve a un lado tuyo y tú no me miras.
Y ¿si te digo que tengo miedo, que tengo un miedo terrible, un pavor inmenso, una inquietud paralizante?, ¿qué si te digo que me carcome el alma y que me duelen mis latidos en el pecho? ¿Qué harías si te digo que tengo miedo?

Él era el mar y el muelle

Una vez él le dijo: “Lo siento cariño, pero desde hoy navegas sola”, en ocasiones ella recuerda esa frase y sonríe triste al pensar que es la única canción que él escribió para ella.

Mientras ella se aleja de la orilla, murmura: “Quise quedarme en tu muelle, quizás para siempre”. Había dado todo por él, al grado de mirar hacía la nada sin reconocerse, sin saber qué había pasado con lo que alguna vez había sido, por él había roto todas sus reglas.

Durante muchas noches las voces del viento la habían acosado paralizándola hasta en sueños: “¿Acaso él veía lo que ella daba por estar a su lado?, defendía contra su sangre su nombre en los labios”. “Él no podía ver más que su reflejo en la playa”. “Llegará el día en que tanto llanto desborde la marea”. Ya no sabía si ese muelle era su destino o un error al cuál se aferraba.

Su amor por él dormirá para siempre tranquilo en la playa, acariciado por las estrellas, la luna velara su sueño, el mar escuchará su latir. Pero ahora ella mira al horizonte, pensando si debe zarpar de nuevo, de alguna manera siente que carga con una maldición y que no habrá destino al que llegue sana y salva. Sabe que quiere partir, pero ¿quién cuidará del muelle cuando ella se vaya?, esa pregunta la detiene más que el miedo de morir en el océano desconocido y, ¿a él le da igual si ella naufraga en cualquier playa?

Él era el mar y el muelle, pero ella hace mucho tiempo navegaba sola.

La media sonrisa que faltó

Bren-wa

Media sonrisa dibujada a carbón, sobre el cemento frío que ahora es mi rostro, es lo único que me queda…
Han pasado casi dos meses, o por lo menos eso creo. Mi mente divaga en una ilusión, inducida por el sueño irreal en el que te sumerge el cansancio. Cansancio del constante miedo que me provoca no tenerte, como el miedo que tiene un recién nacido al no escuchar el corazón de su madre.

Sigo las líneas horizontales que me llevan hacia la nada, esa nada perdida detrás del sol, antes de las sombras jugando con la existencia, jinete que cabalga lejos del camino por el que ahora avanzo. ¿Qué más da ahora hacia dónde vaya?, ¿qué más da si me sigo moviendo?

Voy tocando el vacío como si fuera la estrella más grande del universo, aferrándome a él como la luz a un lucero, como se aferra a la vida un ser que cree que aún no ha acabado, sin darme cuenta que me aferro a estar perdida… porque desde hace dos meses nada tiene sentido.
Mis ojos se nublan entre las gamas de grises que dejaste rondando entre mi ser y la nada. Ya da igual esperanza que desolación, mi corazón late lento, mi respiración apenas se siente y mi alma está tan agitada… significa tan poco la paz como la destrucción, ¿qué más da ahora si el sol brilla o no?
Voy arrastrándome en este asfalto escarchado de egoísmo del mundo en el que decidiste vivir hace tiempo, ese que está sobre mí, en el que sí puedes encontrar la seguridad que ni en toda mi vida te hubiera dado, que no hubiera podido cumplir, ni viviendo, ni muriendo por ti.

Este asfalto congelado en desilusión, de tener que forzarme a olvidar tu mirada, de olvidar ese fulgor que tan fácil se arraigó en mí. Con las manos llenas de impotencia, estoy quebrando el hielo en busca de tus huellas, de tus pisadas, de alguna muestra que me indique que exististe, que alguna vez me amaste también, que no te soñé, pero ¿qué más da si exististe o no?, ya no existes más.

Dos meses de subsistir sin ti, de vivir en tu soledad, en el añejo dolor de tu ausencia que me embriaga hasta la última gota de sangre que late en mi corazón. No me mantengo en pie, voy tan al ras del piso que si te topas conmigo ni siquiera me podrías ver.

Voy queriéndote encontrar… en busca de ti y aferrándome a mi soledad. Huyendo de cualquier encuentro contigo, incluso en mi mente, los recuerdos son voces atormentantes y las palabras que dijimos, armas de dos filos que no dejan de herirme.

Busco motivos para sonreír en cada instante, algo que me haga olvidar que dentro de mí todo está fracturado, me aferro con las uñas a cada pretexto que detenga mi llanto.

Vientos de piedad arrastran mi súplica por revivir ese verano en que aún hacía calor, aquella rosa en ese viernes en el que aún no perdía la conciencia y que vivía de tu amor, de tu esperanza, de tu voz… pero ese verano no existe, sólo queda la lluvia que me pide que desista, que deje inmutado lo que no debe tocarse más.

Hace dos meses que me lo robaste, me lo robaste o te lo entregué. Ya no sé si soy alguien o soy un retazo de tu existencia culminada en un sueño que terminó un ayer, que se perdió en tus recuerdos.
Soy una memoria blanco y negro de una película para ti olvidada, marcaste mi vida, agrietaste mi alma, ahora solo sé estar sola.
No sé si amaré de nuevo, porque no puedo, porque tengo miedo. Algo dentro de mí quedó aturdido, porque cada promesa que hicimos retumba en mi pecho.

Formamos tantos lazos en cuatro años, no sé si exista tiempo suficiente para desvanecerlos todos. Escapaste por la ventana, te escondiste de lo que era nuestro, de lo que habíamos construido, me dejaste abandonada peleando una batalla de dos.

No hay retorno en el camino que elegimos, no hay vuelta atrás. Aún me parece imposible que no seas tú quien termine de dibujar conmigo esta historia.
Olvidé reír, ya no hay música, y perdí el color, ya no hay sueños, solo queda el miedo que me consume y la incógnita de si podré olvidarte.
Olvidé llorar y subsisto en tu dolor, en esta herida que me quema y que me hace despertar cada día para recordarme que eso que tanto quisimos se nos fue de las manos.
Olvidé creer, aunque todavía creo en ti, después de tu partida, mataría a cualquiera que desconfiara de ti, de tu mirada.
Alma, paz, paciencia, alas, luz, estrellas, vida, ilusión, alegría, te llevaste todo, me dejaste sólo un carbón que la lluvia mojó y ahora no puedo dibujar en el cemento la media sonrisa que faltó.

Sentada e insomne

La lluvia prometió que vendría y finalmente decidió no hacerlo. Me dejó esperando hasta las horas en que los gatos le huyen a la soledad de la noche.
Las estrellas dijeron que aparecerían y se quedaron perdidas entre la bruma y las nubes.
Tu alma, contra tu voluntad, prometió que me amaría.
Y sigo esperando sentada e insomne una lluvia tardía, estrellas ocultas y amores de media vida.

Invisible

Tengo la vista borrosa, cansada, dolida, nublada, perdida y opaca por un velo de lágrimas y, aún así puedo verte. Sería capaz de sacarme los ojos, si eso me asegurara que no tendré tu imagen de nuevo, pero, ¡maldita sea…!, te veo hasta en la oscuridad de mis adentros.

Odio cada parte de mi ser que está impregnada de ti, de tu forma de hablar, de tus gustos, de tus colores, de tu música, de tu manera de tomar el café, odio tu voz en mi cabeza que aún me cuenta historias.

Borraría cada recuerdo, la danza, el arte, mi nombre, mis sueños, si eso asegurara que te irás con ellos. No quiero tu olor, ni tu tacto, ni tus besos, quiero que seas invisible, quiero que te alejes por completo…