La media sonrisa que faltó

Bren-wa

Media sonrisa dibujada a carbón, sobre el cemento frío que ahora es mi rostro, es lo único que me queda…
Han pasado casi dos meses, o por lo menos eso creo. Mi mente divaga en una ilusión, inducida por el sueño irreal en el que te sumerge el cansancio. Cansancio del constante miedo que me provoca no tenerte, como el miedo que tiene un recién nacido al no escuchar el corazón de su madre.

Sigo las líneas horizontales que me llevan hacia la nada, esa nada perdida detrás del sol, antes de las sombras jugando con la existencia, jinete que cabalga lejos del camino por el que ahora avanzo. ¿Qué más da ahora hacia dónde vaya?, ¿qué más da si me sigo moviendo?

Voy tocando el vacío como si fuera la estrella más grande del universo, aferrándome a él como la luz a un lucero, como se aferra a la vida un ser que cree que aún no ha acabado, sin darme cuenta que me aferro a estar perdida… porque desde hace dos meses nada tiene sentido.
Mis ojos se nublan entre las gamas de grises que dejaste rondando entre mi ser y la nada. Ya da igual esperanza que desolación, mi corazón late lento, mi respiración apenas se siente y mi alma está tan agitada… significa tan poco la paz como la destrucción, ¿qué más da ahora si el sol brilla o no?
Voy arrastrándome en este asfalto escarchado de egoísmo del mundo en el que decidiste vivir hace tiempo, ese que está sobre mí, en el que sí puedes encontrar la seguridad que ni en toda mi vida te hubiera dado, que no hubiera podido cumplir, ni viviendo, ni muriendo por ti.

Este asfalto congelado en desilusión, de tener que forzarme a olvidar tu mirada, de olvidar ese fulgor que tan fácil se arraigó en mí. Con las manos llenas de impotencia, estoy quebrando el hielo en busca de tus huellas, de tus pisadas, de alguna muestra que me indique que exististe, que alguna vez me amaste también, que no te soñé, pero ¿qué más da si exististe o no?, ya no existes más.

Dos meses de subsistir sin ti, de vivir en tu soledad, en el añejo dolor de tu ausencia que me embriaga hasta la última gota de sangre que late en mi corazón. No me mantengo en pie, voy tan al ras del piso que si te topas conmigo ni siquiera me podrías ver.

Voy queriéndote encontrar… en busca de ti y aferrándome a mi soledad. Huyendo de cualquier encuentro contigo, incluso en mi mente, los recuerdos son voces atormentantes y las palabras que dijimos, armas de dos filos que no dejan de herirme.

Busco motivos para sonreír en cada instante, algo que me haga olvidar que dentro de mí todo está fracturado, me aferro con las uñas a cada pretexto que detenga mi llanto.

Vientos de piedad arrastran mi súplica por revivir ese verano en que aún hacía calor, aquella rosa en ese viernes en el que aún no perdía la conciencia y que vivía de tu amor, de tu esperanza, de tu voz… pero ese verano no existe, sólo queda la lluvia que me pide que desista, que deje inmutado lo que no debe tocarse más.

Hace dos meses que me lo robaste, me lo robaste o te lo entregué. Ya no sé si soy alguien o soy un retazo de tu existencia culminada en un sueño que terminó un ayer, que se perdió en tus recuerdos.
Soy una memoria blanco y negro de una película para ti olvidada, marcaste mi vida, agrietaste mi alma, ahora solo sé estar sola.
No sé si amaré de nuevo, porque no puedo, porque tengo miedo. Algo dentro de mí quedó aturdido, porque cada promesa que hicimos retumba en mi pecho.

Formamos tantos lazos en cuatro años, no sé si exista tiempo suficiente para desvanecerlos todos. Escapaste por la ventana, te escondiste de lo que era nuestro, de lo que habíamos construido, me dejaste abandonada peleando una batalla de dos.

No hay retorno en el camino que elegimos, no hay vuelta atrás. Aún me parece imposible que no seas tú quien termine de dibujar conmigo esta historia.
Olvidé reír, ya no hay música, y perdí el color, ya no hay sueños, solo queda el miedo que me consume y la incógnita de si podré olvidarte.
Olvidé llorar y subsisto en tu dolor, en esta herida que me quema y que me hace despertar cada día para recordarme que eso que tanto quisimos se nos fue de las manos.
Olvidé creer, aunque todavía creo en ti, después de tu partida, mataría a cualquiera que desconfiara de ti, de tu mirada.
Alma, paz, paciencia, alas, luz, estrellas, vida, ilusión, alegría, te llevaste todo, me dejaste sólo un carbón que la lluvia mojó y ahora no puedo dibujar en el cemento la media sonrisa que faltó.

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